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Red Ciudadana

23 de junio de 2009

El burbujador mutante (a su pesar)

Libertad Digital se hace eco de una información referida al premio Nobel estadounidense Paul Krugman. Según el diario online, Krugman recomendó al entonces presidente de la reserva federal americana, Alan Greenspan, la creación (sic) de una burbuja inmobiliaria que contribuyese decididamente a la salida de la crisis de 2001 y 2002, cuando la llamada “nueva economía digital” y las cotizaciones bursátiles de sus principales valores-emblema sufrieron un vertiginoso ataque de sobriedad.

La cita que sustenta la acusación se extrae de un artículo publicado por el economista en el New York Times el 2 de agosto de 2002: “Para combatir esta recesión, la Fed necesita contestar con mayor brusquedad; hace falta incrementar el gasto familiar para compensar la languideciente inversión empresarial. Y para hacerlo, Alan Greenspan tiene que crear una burbuja inmobiliaria para reemplazar la burbuja del Nasdaq”.

La polémica originada trae ecos del enfrentamiento doctrinal entre visiones ‘liberales’ y ‘socialdemócratas’ acerca de la crisis económica actual --sus orígenes, responsabilidades y las recetas más adecuadas para salir de ella--.

Las viejas tesis de Krugman, paladín de las posiciones dizque ‘progresistas’, casan muy mal con el relato que ha formulado la izquierda oficial. “Aquellos que han construido un modelo que nos ha traído esta crisis, un modelo neoliberal, cuyos platos rotos pagan hoy los trabajadores, proponen más de lo mismo y que los trabajadores tengan menos derechos" (Planetaria Pajín dixit). Al grano: modelo neoliberal = modelo especulativo-burbujil. Pues va a ser que no, que las cosas no son tan sencillas.

El bueno (o malo) de Krugman, mientras tanto, se esfuerza inútilmente en negar su supuesta inconsistencia por no renegar --ni antes ni ahora-- de las bondades burbujiles, pero, ¡ay!, no parece que algunos estén dispuestos a dejarse incordiar con matices que empañen esa bella consigna del neoliberalismo rapaz. No dejes que la verdad te estropee…. Ya saben como acaba, ¿no?

26 de mayo de 2009

Universidades óptimas

Sorprendía leer ayer en las páginas de El País un artículo comentando un estudio reciente sobre la calidad de las universidades españolas.

Junto a una píldora de sobriedad (“Ninguna universidad española está entre las 100 mejores del mundo”) uno se encontraba con afirmaciones que contenían más bits de información. Por ejemplo, que sólo una privada se colaba entre las 25 mejores universidades del país.

Dejando al margen que la tabla ilustrativa desmentía la propia llamada de portada –-había dos universidades privadas entre las 25 con mayor puntuación--, lo más sorprendente, aunque aparentemente menos noticiable, era el abismo que separaba a la Universidad de Navarra, primera en el ranking, del resto del pelotón --índice 100 para la primera y 62,5 para la Universidad de Córdoba, segunda--.  Cosas del foco de la periodista, supongo.

También llamaba la atención el titular: “La Universidad pública apuesta por la investigación; la privada, por la docencia”. De algún modo podría resultar esperable que la universidad privada dedicase menores recursos a la investigación. Al fin y al cabo, las matrículas que pagan los alumnos son una función del retorno docente personal y profesional esperado, no del ánimo a financiar costosos proyectos de investigación con muchas de las características de los bienes públicos --una vez obtenidos los beneficios es muy difícil excluir a nadie de su participación en ellos--. Lo que resultaba más complicado era aceptar el que una mayor inversión en I+D tuviese que acarrear un menoscabo de los estándares de docencia en el ámbito público. ¿Sería un asunto de prioridades de dirección?

Pero, conjeturas aparte, lo cierto es que el trabajo realizado por el Instituto de Análisis Industrial y Financiero (IAIF) de la Universidad Complutense de Madrid se colocaba bajo sospecha desde el mismo momento en que uno leía las variables elegidas.

Y es que, si la selección de variables que mostraba el periódico era verdaderamente representativa --“recursos humanos, medios informáticos, libros por alumno, tesis, patentes, proyectos de I+D…”, seis de las diez categorías listadas--, entonces sería obligado concluir que, al menos parcialmente, los investigadores estaban cogiendo el rábano por las hojas.

¿Acaso son los niveles de colocación y paro, salarios percibidos, proyección profesional, galardones internacionales obtenidos por los licenciados y doctores, o el prestigio y reconocimiento que acarrean las distintas titulaciones en el entorno laboral completamente irrelevantes? ¿Se puede hablar de calidad universitaria sin tener estos factores en cuenta?

Al final, uno volvía a la nota sobria del principio. ¿Será que no tenemos ninguna universidad entre las 100 mejores del mundo porque todavía no hemos comprendido cuáles son las variables relevantes en el entorno globalizado actual? Cualquier estudio de estas características que no mire preferencialmente hacia el exterior, fuera del estricto ámbito universitario, adolece de muy serias deficiencias.

23 de abril de 2009

La Cataluña de La Razón

Cuando uno hace inventario de la oposición político-social-mediática al nacionalismo obligatorio en Cataluña tiende a incluir al diario La Razón en su lista.

Sin embargo, como explican brillantemente los hermanos Brafman en el libro “Sway” –-subtitulado “The irresistible pull of irrational behaviour” –-, eso puede deberse a alguno de los bien documentados errores de juicio tan habituales en nuestro razonar.

Los autores, Ori y Rom Brafman, diseccionan para el lector los distintos tipos de error más comunes. Así, atribuciones de valor, percepción selectiva, estado de ánimo, influencia en el objeto, confirmación de impresiones, etc. desfilan por las inteligentes páginas del libro.

Numerosos ejemplos ilustran el análisis de cada uno de los fenómenos. Pero es el último, la confirmación de impresiones, el que quería traer a colación al hablar de la cabecera barcelonesa. ¿Será que asociamos esa militancia de La Razón por cuenta de su origen –-fuera de la cartera del Grupo Planeta–- más que por la realidad actual de su cobertura  periodística?

Hoy, por ejemplo, el diario abría con un titular perfectamente 'sánchez-camachista', o lo que es lo mismo, muy bien camuflado en el paisaje dominante. Rezaba así: "Cataluña exige concreción en la propuesta de financiación en la previa de San Jordi".

Algunas preguntas que surgen son, ¿se puede defender el no nacionalismo cuando uno toma prestados los pilares del rancio pensamiento ‘necionalista’, empezando por la gramática? ¿Quién es esa Cataluña fantasmagórica que exige, nada menos? ¿Acaso un muñeco de ventrílocuo del establo de Jose Luis Moreno?

¿Se refiere el periódico sólo al gobierno? ¿Al gobierno con el apoyo de toda o parte de la oposición? ¿A los poderes fácticos? ¿A otra cosa? ¿Se imaginan un titular en otro medio impreso glosando las exigencias de La Rioja, por ejemplo? En fin, ojalá hubiese un defensor del lector capaz de frenar esta dañina y dudosamente justificable sinécdoque territorial animista.

 

23 de marzo de 2009

Los abrazos muy rotos

Esta tarde entré en el cine con el ánimo de quien llega al tiempo de prórroga en un partido de fútbol. Las críticas y opiniones sondeadas antes de acudir a ver la última cinta de Pedro Almodóvar habían sido marcadamente dispares, a favor y en contra de la calidad y mérito artístico de la obra en cuestión.

Tras más de dos horas delante de la pantalla, sin embargo, desde mi criterio personal no caben equidistancias. “Los abrazos rotos” figurará en la filmografía del manchego como un gran borrón. Uno de los más admirados directores que ha dado la historia del cine de nuestro país no debería permitirse patinazos como este. La elaboración de guión ha sido siempre una divisa inconfundible de Almodóvar. Su maestría en ese tercio ha venido complementando de un modo maravilloso su depuradísima técnica como director. Guiones magistrales y una dirección exigente con todo: desde la actuación hasta el más mínimo detalle estético. Esas has sido las herramientas de las que se ha valido nuestro doblemente-oscarizado compatriota para expresar con tanto éxito su peculiar mundo interior allá por donde ha ido.

Pues bien, la receta naufraga en “Los abrazos rotos”. Y de qué modo. Lo hace empezando por el guión. Personajes cojos o directamente hemipléjicos --¿quién es Diego?--; (in)exploración de sentimientos pueril --¿qué siente Harry tras la confesión?--, sorpresas de abracadabra --¿el padre? Pedro no me jodas…-- e ignorancias sorprendentes --¿ni una hipótesis previa de si el ex habría estado detrás del accidente? ¿No haber visto nunca la cinta?--… Ni siquiera el gran nivel general de los actores puede suplir tantas carencias. Blanca Portillo sale verdaderamente trasquilada en la escenificación del pretendido clímax dramático. Actúa sin ninguna convicción entre dos estatuas que más que compañeros de reparto parecen seres abducidos por extraterrestres. La nota que domina en esa escena es la cómica –-pide un gin tonic sin tónica…-- tirando del manual más sieso de lugares comunes.  Simpático, sí, el homenaje sui géneris a “Mujeres…”, pero aunque dé algo de apuro escribirlo, si alguien cree que con eso y algunos fulgores que salpimientan las dos horas y diez minutos se pueden salvar las graves carencias estructurales de la película, lo cierto es que ese alguien está muy equivocado. Sea Pedro Almodóvar o su porquero. 

19 de febrero de 2009

Galicia, Galicia

En un artículo publicado en las páginas de El País, y siguiendo el esquema clásico de “bien, pero…”, el profesor Antón Baamonde hacía una serie de interesantes aportaciones al debate político preelectoral en Galicia, centradas sobre todo en la actuación del actual gobierno.

Por el lado del elogio, el profesor afirmaba –sin ironía aparente– que: “el programa del bipartito, su objetivo casi único, es equipararnos a los gallegos a la renta media española […]”.

Lo que no acabo de comprender en la exégesis es cómo contribuye a ese loable fin la batería de medidas lingüísticas liberticidas que la Xunta, y en especial las consellerías del Bloque, han puesto en práctica durante esta legislatura. ¿Acaso surge Galicia Bilingüe de un profundo desacuerdo con los intentos políticos de equiparar nuestra renta per cápita al del resto de España? No ha llegado a mis ojos ningún sesudo informe que relacione el aumento del PIB a la proscripción del castellano. Será cortedad de miras.

Por el lado de la crítica, Baamonde propone el panorama financiero y de los medios de comunicación actual como muestra elocuente de un “fortalecimiento de las antiguas élites y el bloqueo de las emergentes” supuestamente en curso en el noroeste peninsular.

El profesor Baamonde escribe desde un cierto sentimiento de frustración que desprende el quehacer del gobierno bipartito PSdeG-BNG en estos últimos años. Hasta ahí todo normal. No son nada extraños los balances críticos con el desempeño de nuestros gobernantes, bien sea por defecto o bien por exceso –todo a ojos del opinador profesional de turno, claro–.

Lo que se tornaba de digestión más áspera era el contenido concreto de la crítica. ¿Acaso se debe esperar de cualquier gobierno el fomento de nuevas élites? ¿Por qué han de ser unas élites mejores que otras? ¿Mejores para quién? Lamentablemente el profesor no entraba en esos detalles. Si se puede pedir turno apúntenme. Yo también quiero ser parte de una élite emergente, cualquiera, y más si mi medrar puede ser financiado con el dinero de los esforzados contribuyentes. Prometo cabalgar a lomos de la noble causa victimista que sea.  

29 de enero de 2009

Espionaje, periodismo y corrupción

Y digo yo, ¿qué es más grave, que se espíen unos rivales políticos a otros haciendo bueno por torpes al difunto Richard Nixon; que un medio impreso se revuelque en el falaz cum hoc ergo propter hoc —juntamente con esto, luego a consecuencia de esto—; o que la buena gente empresarial haya perdido el más mínimo decoro ético en lo concerniente a la separación entre las esferas pública y privada?

Declaraba ayer a El Mundo el ex director de Innovación Tecnológica del PP, Álvaro de la Cruz, en relación con los presuntos favores políticos prestados a Serygur —empresa de la que es Consejero Delegado—, lo siguiente: “Luis Bárcenas —actual tesorero del PP— es amigo mío y me preguntó si podía ayudar a Serygur. Le dije que estábamos interesados en el contrato de la seguridad de la Ciudad de la Justicia y se ofreció a llamar al consejero Prada. Fue un acto de buena voluntad y por pura amistad.”

Sí, sí, “acto de buena voluntad”, es textual. Antaño, cuando un hombre de negocios (sic) se arrimaba al poderoso de turno, por lo menos solía tener el detalle de no ‘cantar’ cual niño de San Ildefonso, con idéntica naturalidad, cuando el tufillo del favoritismo llegaba a las páginas de los periódicos.

Ya lo saben ustedes. A partir de ahora, cuando necesiten algún favorcillo de la administración, recuérdenle a su interlocutor al otro lado que lo único que debe de guiar su conducta es su buena voluntad, no el respeto a la legalidad vigente en materia de transparencia, contratación pública o conflictos de interés. ¡E abraiante!, que diríamos los normalizados.

21 de enero de 2009

Saroyan de actualidad

Acantilado edita algunas de las obras del escritor armenio-estadounidense William Saroyan, entre ellas “La comedia humana”.

Escrita en 1943, “La comedia humana” está ambientada en un pueblo de California durante la Segunda Guerra Mundial. Con guiños a la Ilíada y un estilo narrativo que a veces recuerda al de su coetáneo John Cheever, Saroyan narra los avatares de una familia humilde, de padre fallecido, con el hijo mayor en el frente. El segundo hijo de la familia, Homer, trabaja como mensajero en el telégrafo para ayudar a mantener a los suyos.

El eco autobiográfico resuena por toda la obra: familia descabezada, el mundo de los telegrafistas, inmigrantes armenios y su idiosincrasia… penurias, agradecimiento y principios.

Saroyan consigue concitar atención, delicadamente, sin excesos, para después pasar a capitalizarla hasta conmover al lector. En cuanto al tratamiento literario formal, su modo de ser, sus juicios y su punto de vista se hacen patentes de una manera muy poco sutil. El narrador está ahí, se le puede palpar y, esto es quizá lo más sobresaliente, es una persona que gusta; un hombre bueno o, quién sabe, incluso sabio.

95px-William_SaroyanPuede que esa característica sea la que explique el meollo de esta historia --enlace en la foto-- que, desde la distancia, semeja ser perfectamente verídica.

¿Vuelve la literatura de la Gran Depresión, la literatura surgida de las dificultades, de la incertidumbre que se lleva todo por delante? ¿Será esa una de las pocas noticias positivas de 2009? Viendo la evolución de la bolsa y la creciente impotencia gubernamental globalizada --también a esto se aplica el mantra del siglo XXI-- podría ser así. Ahora bien, ¿quién se atreve a desearlo?

Y es que La Aldea Global está exigiendo unos peajes ciertamente insólitos. Si en EEUU había hecho fortuna la frase de que cuando Boeing estornudaba toda la ciudad de Seattle se cogía un buen resfriado, lo que tenemos ahora encima de la mesa es un escenario de interdependencias mundiales absolutamente sobrecogedor.  

¿Política o literatura? ¿Bienestar o consuelo? Volveremos sobre esto.

5 de diciembre de 2008

Exaltación de la prudencia

Inconmensurable artículo del periodista —suena a poco—Josep Ramoneda en el diario El País. Todo un alegato a favor de escribir una nueva página en la historia de constitucionalismo occidental. Bueno, quizá no tan nueva, meditándolo bien.

Uno podría pensar que lo fundamental del escrito del articulista catalán es su revolucionaria doctrina respecto a las atribuciones de nuestro Tribunal Constitucional. De acuerdo con lo expuesto, si la esperada sentencia sobre el archifamoso Estatut 2.0 fuese “negativa” (sic), la ciudadanía de Cataluña “podría sentirse víctima de un abuso”. Los señores magistrados del TC son, a ojos del señor Ramoneda, poco menos que okupas que, con el nauseabundo apoyo de los malos en todas sus películas —organizaciones y partidos que no gozan de su particular versión del marchamo de calidad progresista—, se atreven, ¡oh sí se atreven!, a cuestionar la indiscutible legitimidad decisoria de la sacrosanta nación preambular catalana.

Podría ser eso lo destacable, digo. ¿Cómo admitir que el Tribunal Constitucional funcione según lo previsto en nuestro ordenamiento jurídico, cuando podría hacerlo perfectamente siguiendo los esquemas y preferencias del ciudadano Ramoneda? ¡Resulta inadmisible! Lo que ha sido respaldado en referéndum por el 36% —no, no he bailado los dígitos— de los catalanes con derecho a voto va a misa, al menos esta vez.

Pero no es ese ingenioso volcado secuencial de frases, que no argumento solvente, lo que concita nuestro interés. Lo mejor del artículo en cuestión es la falacia de que “la prudencia es una virtud que se funda […] en la capacidad de anticipar lo que es más justo y adecuado a una situación determinada”. “Lo más justo y adecuado” como si fueran indisociablemente de la mano. ¿Adecuado en base a qué criterio de justicia, señor Ramoneda? ¿El suyo propio?

 

10 de noviembre de 2008

The Economist toca de oídas

Una frase, un paréntesis para ser más concretos, descollaba por encima del resto de las informaciones incluidas en el especial dedicado a España por la prestigiosa publicación The Economist.

No era un grandilocuente juicio político, que los había. Era más bien un comentario hecho con la intención de aportar ‘colorido’ al preámbulo de los asuntos verdaderamente serios. Un desliz casi.

Este es: “[sobre la victoria en la Eurocopa] Not only did the performance of its young team (featuring Catalans as well as the usual Madrileños in prominent positions) seem to echo Spain’s flowering of creativity in everything from architecture to gastronomy.”  

Me considero un gran admirador del The Economist. Me parece que genera una gran parte del periodismo más interesante que conozco. Pero se ve que la publicación no puede escapar inmune a la ‘contaminación’ local de sus corresponsales.

Cuando leía el párrafo se me tensaron las cejas á la ZP. ¿Quién le habrá vendido la burra a este señor —pensaba de que los tradicionales fracasos de la selección española de fútbol estarían de algún modo ligados a la preeminencia de ‘madrileños’ en sus puestos clave?  

¿Se estaría refiriendo el periodista británico a la ‘quinta del buitre’ —que reinó sin contestación en la Liga española durante un lustro—, a Raúl (¿y Guti?) —sustituidos en Austria y Suiza por los asturianos Villa y Cazorla—, a la selección del Naranjito encabezada por los jugadores de la Real Sociedad bicampeona?

¿Quiénes son esos usual Madrileños colocados bajo la sombra de la sospecha de haber sido cooperadores necesarios en una gran injusticia histórica? ¿Se les discriminó positivamente por razón de origen? Seguiremos informando. Siguiente estación de paso: ¿dónde pasa su tiempo en España este señor corresponsal?

 

27 de octubre de 2008

Yo, mi, me, conmigo

El pasado sábado la Fundación DENAES (para la Defensa de la Nación Española) organizó un acto muy singular en Madrid. La jornada, titulada “El español en España: por el derecho a usar nuestra lengua común”, juntó a representantes de organizaciones cívicas, personas directamente afectadas por la imposición lingüística, así como a personalidades académicas y del mundo de la cultura.

También hubo representantes políticos. De C’s, UPyD y el PP, para ser más concretos. Sin noticias del PSOE. Lo destacable del acto, sin embargo, no es tanto la ausencia del partido dizque socialista y dizque español. No señor, eso estaba descontado –empleando el argot de esos mercados hoy descompuestos–. Lo que no era tan previsible es que un acto patrocinado por el PP –Comunidad de Madrid–, organizado por el PP –partido al que representa en el parlamento vasco Santiago Abascal, presidente de la fundación– y copado por votantes del PP –así se manifestó la mayoría del aforo en respuesta espontánea a la alocución de uno de los intervinientes–, tuviese como momento álgido… ¡las críticas feroces al PP –Alfonso Alonso–!

Y es que la trayectoria de los populares a lo largo de estos años ha sido más que errática. Las llamadas a una firme defensa de los principios se han combinado –shaken not stirred– con deserciones flagrantes de esos mismos principios. Desde la defenestración de Vidal-Quadras, hasta los pinitos inmersores en la Comunidad Valenciana, pasando por jugar a copistas gallegos del pionero modelo catalán.

Más allá de otras consideraciones, de acuerdos y desacuerdos en matices y no tan matices, lo más refrescante del acto fue sin duda ese pim pam pum protagonizado por un PP con un penoso desorden de personalidad múltiple. ¡Qué gusto da ver a los grandes partidos dando la cara ante sus votantes sin trampa ni cartón! Ojalá fuese la regla y no la excepción.