El pasado sábado la Fundación DENAES (para la Defensa de la Nación Española) organizó un acto muy singular en Madrid. La jornada, titulada “El español en España: por el derecho a usar nuestra lengua común”, juntó a representantes de organizaciones cívicas, personas directamente afectadas por la imposición lingüística, así como a personalidades académicas y del mundo de la cultura.
También hubo representantes políticos. De C’s, UPyD y el PP, para ser más concretos. Sin noticias del PSOE. Lo destacable del acto, sin embargo, no es tanto la ausencia del partido dizque socialista y dizque español. No señor, eso estaba descontado –empleando el argot de esos mercados hoy descompuestos–. Lo que no era tan previsible es que un acto patrocinado por el PP –Comunidad de Madrid–, organizado por el PP –partido al que representa en el parlamento vasco Santiago Abascal, presidente de la fundación– y copado por votantes del PP –así se manifestó la mayoría del aforo en respuesta espontánea a la alocución de uno de los intervinientes–, tuviese como momento álgido… ¡las críticas feroces al PP –Alfonso Alonso–!
Y es que la trayectoria de los populares a lo largo de estos años ha sido más que errática. Las llamadas a una firme defensa de los principios se han combinado –shaken not stirred– con deserciones flagrantes de esos mismos principios. Desde la defenestración de Vidal-Quadras, hasta los pinitos inmersores en la Comunidad Valenciana, pasando por jugar a copistas gallegos del pionero modelo catalán.
Más allá de otras consideraciones, de acuerdos y desacuerdos en matices y no tan matices, lo más refrescante del acto fue sin duda ese pim pam pum protagonizado por un PP con un penoso desorden de personalidad múltiple. ¡Qué gusto da ver a los grandes partidos dando la cara ante sus votantes sin trampa ni cartón! Ojalá fuese la regla y no la excepción.