Durante el mes de octubre vamos a dar a conocer los detalles del nuevo proyecto en el que llevamos trabajando muchos meses ya. Otoño, tiempo de ilusión.
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Publicado el 30 de septiembre de 2009 a las 11:32 en Caja de recomendaciones | Enlace permanente | Comentarios (0) | TrackBack (0)
Una frase, un paréntesis para ser más concretos, descollaba por encima del resto de las informaciones incluidas en el especial dedicado a España por la prestigiosa publicación The Economist.
No era un grandilocuente juicio político, que los había. Era más bien un comentario hecho con la intención de aportar ‘colorido’ al preámbulo de los asuntos verdaderamente serios. Un desliz casi.
Este es: “[sobre la victoria en la Eurocopa] Not only did the performance of its young team (featuring Catalans as well as the usual Madrileños in prominent positions) seem to echo Spain’s flowering of creativity in everything from architecture to gastronomy.”
Me considero un gran admirador del The Economist. Me parece que genera una gran parte del periodismo más interesante que conozco. Pero se ve que la publicación no puede escapar inmune a la ‘contaminación’ local de sus corresponsales.
Cuando leía el párrafo se me tensaron las cejas á la ZP. ¿Quién le habrá vendido la burra a este señor —pensaba— de que los tradicionales fracasos de la selección española de fútbol estarían de algún modo ligados a la preeminencia de ‘madrileños’ en sus puestos clave?
¿Se estaría refiriendo el periodista británico a la ‘quinta del buitre’ —que reinó sin contestación en la Liga española durante un lustro—, a Raúl (¿y Guti?) —sustituidos en Austria y Suiza por los asturianos Villa y Cazorla—, a la selección del Naranjito encabezada por los jugadores de la Real Sociedad bicampeona?
¿Quiénes son esos usual Madrileños colocados bajo la sombra de la sospecha de haber sido cooperadores necesarios en una gran injusticia histórica? ¿Se les discriminó positivamente por razón de origen? Seguiremos informando. Siguiente estación de paso: ¿dónde pasa su tiempo en España este señor corresponsal?
Publicado el 10 de noviembre de 2008 a las 22:54 en Caja de recomendaciones | Enlace permanente | Comentarios (0) | TrackBack (0)
Se enzarzaban el martes Paco Marhuenda y Pedro J. Ramírez a cuenta de la renovación o falta de ella en el PP tras la nueva derrota electoral.
Tiraba a dar el director de El Mundo criticando la flagrante falta de democracia interna característica de los populares –y del resto de grandes partidos–, ante una silente, y recién nombrada portavoz del PP en el Congreso, Soraya Sáenz de Santamaría, cuando le relevó el director de La Razón en el uso del micrófono mañanero de la COPE.
Marhuenda se mofó sin demasiado recato del gusto de Ramírez por lo que él denominó “democracia tumultuosa”, supongo yo que ante el deleite de una Sáenz de Santamaría que agradecía cualquier apoyo que pudiese recabar en ese instante.
El subsiguiente notable enfado de Ramírez no deja de ser anecdótico. ¿Acaso no fue él quien decidió ningunear conscientemente a la única formación de nuevo cuño que se presentó a las pasadas elecciones generales haciendo gala de su alto grado de democracia interna, todo en pro de su apoyo a otras opciones electorales –el PP y Unidad Progreso y Democracia (sic)–?
Se quejaba la semana pasada un lúcido Arcadi Espada de lo que podría denominarse como el ‘desmadre de las creencias’. Ironizaba el periodista sobre el error que había supuesto canalizar las protestas lingüísticas y de oposición al nacionalismo obligatorio a través del empleo de argumentos racionales, de igualdad entre los ciudadanos, y en general de corte laicista.
Mucho mejor nos habría ido, sugería Espada, de haber tirado por la senda de las creencias. Las creencias, de cualquier tipo, semejan ser de obligado respeto; las razones no. Tal y como reflejaba Rafael de Águila en el último número de Claves de Razón Práctica, “[…] la prudencia sigue definiendo el límite de los límites. Es ella la que nos puede aconsejar en los casos extremos y difíciles qué tolerar y qué no tolerar, cuándo primar la autonomía, cuándo adoptar una perspectiva neutral, en qué momento considerar discriminaciones positivas en torno a qué identidades, qué límites establecer en el autogobierno de identidades culturales, etcétera”.
Seamos pues prudentes: encomendémonos al dios de las creencias. No queramos razones sobre la necesaria reforma de la ley electoral, la democratización interna de los grandes partidos –y de los no tan grandes–, o sobre el respeto a nuestros derechos y libertades, entre ellos los lingüísticos, atacados ahora en el nuevo frente gallego. Nada de eso. Profesemos una religión fundada por un iluminado, da igual quién sea, que exija esas reivindicaciones como quien exige tocarse con un velo en la escuela, los menús escolares sin carne de cerdo, o limitar la investigación con células madre.
Nuestras creencias, como ¿todas?, también merecerán mayor respeto así. ¡A nosotros la progresía dominante!
Publicado el 2 de abril de 2008 a las 12:12 en Caja de recomendaciones | Enlace permanente | Comentarios (1) | TrackBack (0)
Líbero –“Anche libero va bene”-, la película del italiano Kim Rossi Stuart, es una cinta sencillamente brillante.
Rossi Stuart es tanto el director como el excelente protagonista masculino de este drama familiar, que de algún modo recuerda a C.R.A.Z.Y., película canadiense proyectada el año pasado en nuestros cines.
Líbero retrata sin concesiones los efectos que la desestructuración –originada por la incompatibilidad de caracteres entre padre y madre, casados a edad muy temprana- ha causado en toda la familia.
El padre, un hombre orgulloso, inadaptado, imbuido de unos firmes principios tradicionales que dejan muy poco espacio para la concesión y el pacto, vive humillado por el abandono de su mujer. El personaje se ha convertido en un trastornado, en un intransigente, lo que le causa graves problemas en su relación con sus hijos.
Su hijo Tommi, el pequeño, sueña con ser jugador de fútbol, pero su padre le ha obligado a apuntarse a la escuela de natación, un deporte del que el chico apenas obtiene disfrute.
Pero no se trata de destripar aquí la trama. Lo reseñable de Líbero es que Kim Rossi Stuart filma con un estilo realista que, por convincente, resulta muy poco usual.
El director italiano –con una amplia trayectoria como actor teatral a sus espaldas- se luce, sobre todo, en varias secuencias de enorme dramatismo.
Unas escenas que reflejan la terrible soledad y la violencia psicológica que sufre el niño preadolescente, con su yo zarandeado, a merced del descontrol de los adultos sobre sus propios sentimientos, sus comportamientos; sobre sus propias vidas.
Publicado el 11 de octubre de 2007 a las 10:35 en Caja de recomendaciones | Enlace permanente | Comentarios (0) | TrackBack (0)
La épica personal está detrás de un inagotable número de historias llevadas al celuloide. Las historias de superación de individuos que, sabiendo sobreponerse a las adversidades, logran salir adelante, son fuente inagotable de inspiración de numerosos guionistas cinematográficos.
“Cuatro minutos”, aún en cartelera en Madrid, es una producción alemana que en cierto modo ha capitalizado el gran éxito de “La vida de los otros”, cinta con la que, sin embargo, comparte bien poco más allá de la nacionalidad.
La historia es la de una joven delincuente en prisión que se distingue del resto de reclusas por gozar del don de la música. Pianista precoz, personalidad turbada. La propuesta no requiere de mayores explicaciones; la asociación está ya en la mente de los espectadores antes incluso de entrar en la sala. Aun así, el director se molesta en hacerlo. Explica el porqué.
La película cuenta también con otro tipo de personaje muy presente en esta tipología cinematográfica: ‘el habilitador’ –una mujer, en este caso-. ‘El habilitador’ es la persona que sirve de desencadenante para el logro de la superación personal. En “Cuatro minutos” es de lo mejor del conjunto.
Por otro lado está la estética alemana contemporánea. No me convence ni en la vertiente del lenguaje, ni en lo tocante a los demás códigos culturales empleados para la transmisión de sentimientos. Casi todo parece sobreactuado.
La sensación al salir de la sala es irregular, pero “Cuatro minutos” es una película que sin duda tendrá sus fans.
Publicado el 28 de septiembre de 2007 a las 10:49 en Caja de recomendaciones | Enlace permanente | Comentarios (0) | TrackBack (0)
El Nederlands Dans Theater, una de las compañías de danza más prestigiosas del mundo, ha puesto en escena dos coreografías recientemente en el Teatro Real: Silent Screen –de Paul Lightfoot y la cordobesa Sol León, estrenada en 2005- y Bella Figura -de Jiri Kylián, estrenada en 1995-.
De la primera coreografía destacar el maravilloso juego con las imágenes de fondo. Imágenes grabadas de la naturaleza –olas en la playa, hojas de árbol movidas por el viento…-, muy bien acompañadas por la música de Philip Glass y que añaden plasticidad a los movimientos de los bailarines. También esa interminable cola de vestido que va surgiendo del foso, suave y trascendente, acompañando el delicado caminar de la bailarina en escena.
De la segunda, el juego con distintos telones, verticales, horizontales, segmentado la visión de las tablas del escenario. Enmarcando instantes de gran belleza estética, con dos bailarinas marcando unos movimientos muy lentos, casi caricias, que llegan a conmover al espectador.
Los “Apuntes de Frank Gehry”, docufilm dirigido en 2005 por Sydney Pollack –director, entre otras, de Memorias de África-, nos muestra, con grandes dosis de complacencia, todo sea dicho, la semblanza de uno de los arquitectos vivos que gozan hoy de un mayor reconocimiento.
A través de las imágenes, descubrimos que el genio detrás del edificio del museo Guggenheim en Bilbao es el de una persona con serios desequilibrios. Con un pasado judío que le impone grandes inseguridades vitales, con un tortuoso y castrante primer matrimonio, con un ego tan superlativo como sensible a la decepción… Toda la calma, todo el disfrute estético del teatro real se torna en pensativa incomodidad ante la pantalla de televisión.
Publicado el 14 de septiembre de 2007 a las 10:51 en Caja de recomendaciones | Enlace permanente | Comentarios (0) | TrackBack (0)
El suicidio es un elemento más que recurrente en cine y literatura, bien sea de modo central o de modo accesorio.
Un libro: “Delicioso suicidio en grupo”, del popular autor finlandés Arto Paasilinna. Una película: “Bajo las estrellas”, dirigida –opera prima- por Félix Viscarret.
El infligirse la propia muerte se suele emplear como recurso para volver el foco a la vida. Las dos obras en cuestión lo logran de un modo diferente pero en ambos casos muy efectivo.
La novela de Paasilina juega con el humor, con la paradoja, para llegarle a quien lee sus páginas. La vida es lo único. Fuera de ella nada importa. Perseguirla, aferrarse a ella, tiene sentido hasta el último instante.
La cinta de Viscarret, a pesar de algunos fallos de guión y secuencia de rodaje absurdos, también llega a conmover. El suicidio sólo tiene relevancia por sus consecuencias en la vida de quienes quedan atrás; de quienes conservan intacta su capacidad de sentir.
Dos obras interesantes, tiernas y recomendables. Como dicen los bárbaros, food for thought…
Publicado el 7 de septiembre de 2007 a las 11:27 en Caja de recomendaciones | Enlace permanente | Comentarios (0) | TrackBack (0)
Escribía Jonathan Freedland –columnista del diario The Guardian- una muy interesante tribuna en el diario El Mundo hace escasa fechas.
Reseñando un libro publicado en los Estados Unidos -The Political Brain, de Drew Westen-, Freedland se animaba a hacer una serie de recomendaciones –bien intencionadas, asume uno, dada la conocida querencia del diario The Guardian hacia el Partido Laborista- al flamante nuevo primer ministro británico, Gordon Brown, de cara a las próximas elecciones legislativas en las islas.
Decía Freedland, basándose en las enseñanzas de Westen –profesor de psicología y psiquiatría especializado en el análisis de los procesos cognitivos por los que las personas absorben información-, que un candidato exitoso no puede limitarse a controlar datos y a acertar en todas las cuestiones estratégicas.
Los diversos estudios llevados a cabo por Westen y su equipo habrían demostrado, a través de experimentos claros y repetibles, que “el cerebro político es un cerebro emocional”.
Al parecer cuando los políticos hablan, en términos generales, estimulan una red neuronal de asociaciones –positivas y negativas- que se deben más a las emociones que a la razón. Esto puede parecer muy obvio, pero –siempre de acuerdo con Freedland- todo indica que los demócratas estadounidenses, a diferencia de los republicanos, no lo habrían comprendido aún.
Partidos como el PP, IU o antes el CDS, añado yo desde una perspectiva española, tampoco. Otros sí, con mención de honor, por supuesto, a la cohorte de partidos nacionalistas y caciquiles de diverso pelaje. En último lugar, en la confección de esta peculiar tabla de honor, creo que correspondería dar un accesit de quita y pon al PSOE dependiendo de la legislatura considerada.
El reto para un partido naciente, como Ciudadanos, consiste en lograr la presentación de la esencia de su mensaje -no de otro distinto, más populista-, de un modo que consiga despertar esas emociones. Tal y como titula Freedland, nadie dijo que fuera fácil.
Publicado el 30 de julio de 2007 a las 10:43 en Caja de recomendaciones | Enlace permanente | Comentarios (0) | TrackBack (0)
De la lectura del magnífico libro de los Sosa, padre e hijo, titulado El Estado fragmentado, uno puede extraer múltiples conclusiones.
El riguroso análisis elaborado por Francisco Sosa Wagner –en el primero de los tres cuadernos- sobre los avatares de los Habsburgo desde su Suiza natal para, en el transcurso de escasos siglos, llegar a copar el poder político en la inmensa mayoría del territorio europeo, ofrece copiosos materiales para la reflexión.
Una de las más interesantes, a pesar de haber sido pasada por alto en las reseñas publicadas hasta la fecha, es la relativa a la triangulación histórica entre los emperadores Habsburgo, la nobleza magiar y los campesinos que poblaban los territorios húngaros.
En el tiempo de José II, inmediatamente anterior a la revolución francesa, el emperador impulsó medidas que, entre otras características, incluían una reforma fiscal uniformadora que no establecía diferencia alguna entre tierras campesinas y tierras señoriales y, lo que también es de crítica importancia, no distinguía entre los diferentes territorios de la monarquía.
La implementación de esta reforma, mediante la cual los campesinos quedaban de facto prácticamente liberados de todo servicio de origen feudal, provocó que la nobleza magiar comenzara a conspirar abiertamente contra el príncipe Habsburgo.
De hecho, la prematura muerte de José II, en febrero de 1790, con tan sólo 49 años, coadyuvada por la inestabilidad política imperante en Europa tras el triunfo de los sans-coulottes franceses, tuvo un efecto absolutamente perjudicial para los intereses del campesinado de los territorios húngaros.
El sucesor de José II, su hermano Leopoldo II (1790-1792) se vio obligado a pactar con la nobleza un acuerdo político “en virtud de la historia y la tradición”. Los estamentos (es decir, la nobleza fundamentalmente) mantenía así en pie el sistema feudal sin ceder un ápice, deshaciendo las reformas josefinas como un azucarillo en un vaso de agua.
El poder, su mantenimiento, obedece a su propia lógica interna. La noticia que nos proporcionan hoy los medios, según la cual el PSC querría desvincularse del PSOE en el Congreso -recuperando de ese modo el grupo parlamentario que tuvo desde la transición hasta el año 1981-, trae reminiscencias de otros siglos y de otras tierras.
No parece nada probable que sean los ciudadanos –meros campesinos actualizados a lo Calixto Bieito- los beneficiarios de estas nuevas triangulaciones sobre el tablero del poder político; en este caso del patrio.
Publicado el 16 de julio de 2007 a las 10:37 en Caja de recomendaciones | Enlace permanente | Comentarios (0) | TrackBack (0)
La edición de esta semana de la revista The Economist incluye una muy interesante reseña sobre un libro titulado “El mito del votante racional”, de Bryan Caplan, un profesor de economía estadounidense.
El mundo es cada vez más complejo, y la gran mayoría de las personas que lo habitamos no gozamos de conocimientos demasiado amplios sobre la práctica totalidad de las materias existentes.
Sin embargo, la noción -a priori poco intuitiva- de que en los procesos de estimación y/o toma de decisión colectivos, la agregación de las opiniones de una cantidad lo suficientemente grande de individuos conduce a un resultado de alta calidad, ha sido sostenida por un buen número de expertos a lo largo de los últimos años.
Esta visión, documentada entre otros en el magnífico libro de James Surowiecki Wisdom of the crowds, cuenta con el plácet de Caplan en lo concerniente a áreas tales como concursos televisivos de preguntas y respuestas, o –quizás con de mayor interés práctico- valoraciones de activos en los mercados financieros.
Pero, en lo concerniente al proceso político, Caplan sostiene que este paradigma no es de aplicación. El principio de ‘sabiduría de las masas’ se sostiene sobre la asunción de que los individuos expresan sus opiniones libres de cualquier predisposición en una dirección determinada.
Caplan arguye que hay al menos cuatro predisposiciones que se dan en los procesos de formación de voluntad política. Los votantes generalmente: (1) no asimilan que la búsqueda de un beneficio económico privado suele redundar en un beneficio para la colectividad; (2) no valoran de modo correcto los beneficios que surgen de la interacción con los extranjeros; (3) asimilan prosperidad a puestos de trabajo, y no a la cantidad de bienes producidos; y, por último, (4) tienden a pensar que la situación económica en cualquier momento dado es peor de lo que lo es en realidad.
El estudio del Caplan está centrado principalmente en los Estados Unidos. Habrá que mantener los ojos bien abiertos para ver si, una vez aplicadas a Europa, las conclusiones son las mismas o similares. Intuitivamente creo que ése será el caso.
Publicado el 21 de junio de 2007 a las 10:37 en Caja de recomendaciones | Enlace permanente | Comentarios (0) | TrackBack (0)
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