Enric González pasa por ser uno de los escasísimos periodistas capaces de recibir elogios desde las dos grandes orillas ‘político-mediáticas’ de nuestro país.
En los últimos días nos ha deleitado con dos magníficos artículos en las páginas de El País. En el primero de ellos, titulado “Pobres”, el antaño corresponsal en Italia –país desde el que escribió artículos futbolísticos sencillamente soberbios sobre el calcio– ponía en su punto de mira el penúltimo reality show con el que nos atizan las grandes cadenas nacionales, es este caso Cuatro.
En el nuevo formato televisivo, un ‘asesor’ tiene el cometido de ayudar a una familia en apuros económicos con sus muy sabios consejos para poder llegar a fin de mes. La tarea parece harto difícil dado que la cabeza de familia gana escasamente trece euros más al mes de lo que le cuesta su cuota hipotecaria… Como complementos, los ingresos del único de sus dos hijos en edad de trabajar con un empleo, y la pensión que pasa el ex-marido por el hijo pequeño, apenas dan para pipas.
Apuntaba con acierto González que este reality bien podría pasar por ser el más obsceno de la televisión española. Sólo habría que añadir a la detallada crónica de las penurias económicas de la familia Agudo Ortiz algunos complementos: las ayudas públicas en marcha para rescatar a los sectores bancario y de la construcción; las inyecciones de liquidez para revitalizar a la ciclotímica bolsa; o el amplio acuerdo político de los grandes partidos para no provocar al capital con medidas ‘anticuadas’.
En el otro artículo, igual de incisivo y destacado esta vez por Santiago González en su blog alojado en El Mundo, el columnista de El País le reprochaba a la vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, sus comentarios declarándose “horrorizada” por haber posado para una foto en Níger con, nada más y nada menos, que un polígamo empresario de la chufa.
Enric González hablaba en su artículo del abuso, la manipulación y la hipocresía detectables en esa actuación, especialmente cuando se contrapone al pulcrísimo silencio con el que se ha actuado ante visitas de notorios polígamos como el rey Abdulá o el coronel Gaddafi. ¿La diferencia más obvia entre unos casos y el otro? Ay, la inconveniente detentación del poder de nuestros insignes invitados.
Hay que celebrar artículos tan preclaros como éstos, más si cabe en días en los que la desvergüenza chaquetera del camaleón infecta a insignes representantes de nuestra clase política. Véase sin más el curioso homenaje rendido recientemente por el –según algunas quinielas– proto-Secretario General del PP, Jorge Moragas, convirtiéndose con gran ardor a la doctrina tan ‘pepiñesca’ de la España compleja, plural y diversa.
Cosas veredes…